22/11/2002 - 00:00 h.

I.E.S. «FIGUERAS PACHECO»

RESAD

presenta:

LA HERIDA EN EL COSTADO

Autor: Pilar Campos Gallego

Con:

VERA: Adriana González
EVA (niña): Carolina Lapausa
EVA (adulta): Cristina Pons
EITAN: Chema Ruiz
NOK: Antonio Villa
EICHMANN: José Luis Santos

 



Dirección: JOSÉ BORNÁS



Sinopsis:

Estreno absoluto

Hannah Arendt escribió: Eichmann tenía la plena certeza de que él no era lo que se llama un “innerer Schweinehund”, es decir, un canalla en lo más profundo de su corazón; y en cuanto al problema de conciencia, Eichmann recordaba perfectamente que hubiera llevado un peso en ella en el caso de que no hubiese cumplido las órdenes recibidas, las órdenes de enviar a la muerte a millones de hombres, mujeres y niños, con la mayor diligencia y meticulosidad. Evidentemente resulta difícil creerlo. Seis psiquiatras habían certificado que Eichmann era un hombre “normal”. “Más normal que yo, tras pasar por el trance de examinarle”, se dijo que había exclamado uno de ellos. Y otro consideró que los rasgos psicológicos de Eichmann, su actitud hacia su esposa, hijos, padre y madre, hermanos, hermanas y amigos, era “no sólo normal, sino ejemplar”. Y, por último el religioso que le visitó regularmente en la prisión, después de que el Tribunal Supremo hubiera denegado el último recurso, declaró que Eichmann era un hombre con “ideas muy positivas”. (...)Peor todavía, Eichmann tampoco constituía un caso de anormal odio hacia los judíos, ni un fanático antisemita, ni tampoco un fanático de cualquier otra doctrina. “Personalmente” nunca tuvo nada contra los judíos, sino que, al contrario, le asistían muchas “razones de carácter privado” para no odiarles. Podría decirse que “La Herida en el costado” es una ficción en torno a la captura de Adolf Eichmann. Si esto fuero del todo cierto, la pregunta que me hago es ¿de qué hombre estamos hablando?. LA HERIDA EN EL COSTADO Lo único que realmente puedo decir es que Adolf Eichmann me tuvo un año secuestrada. No Adolf Eichmann sino la imagen de Adolf Eichmann. Una imagen que cambiaba de forma dependiendo de los ojos que lo miraban. Durante un tiempo me leí todo lo que me encontré sobre él. De todos los libros me llamó uno especialmente la atención “Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal “de Hannah Arendt. ¿Es realmente Eichmann el ejemplo perfecto de la banalidad de mal? Como no encontré al verdadero hombre busqué al personaje. En otras palabras Eichmann se me hizo ficción entre las manos. Leí una vez que somos en tanto que somos percibidos y me di cuenta que Eichmann tendría sentido como personaje en tanto que fuera percibido por otros. Me di cuenta que el peso de la obra debía recaer en el resto de los personajes y nunca en él. Para hablar de Eichmann había que inventarse a Eichmann. Tuve que ponerle en el punto de mira de todos los personajes y en el mío propio. Lo único que teníamos que hacer era mirarle. Mirarle a todas horas y en cada momento. Cuando digo que me tuvo un año secuestrada lo digo en este sentido. Me pasé un año observándolo hasta que me di cuenta de que el personaje de Adolf Eichmann estaba haciendo lo mismo conmigo. Sentí que él también me observaba. La herida en el costado nació en medio de este cruce de miradas. Pilar Campos Gallego
 

Ficha Tecnica:

ESPACIO, VESTUARIO E ILUMINACIÓN: Alejandro Andújar
AYTE. DE DIRECCIÓN: Belén Franco

 





Duración: 80 m.