23/11/1999 - 00:00 h.

TEATRO ARNICHES

MICOMICÓN

presenta:

LA CIUDAD SITIADA

Autor: Laila Ripoll

Con:

Manuel Agredano, Yiyo Alonso, Encarna de las Heras, Marina Sevesesky, Angel Solo

 



Dirección: Laila Ripoll



Sinopsis:

Madrid Otoño de 1937 A la abuela le entró un obús por la cocina y destrozó la máquina de coser. Podía haber sucedido una desgracia, pero afortunadamente no estalló y los niños estaban jugando en la calle. La casa estaba en el barrio de Tetuán, justo enfrente del hospital Clínico, en pleno campo de batalla. El abuelo llevaba meses sin aparecer por Madrid y conseguir algo de comida para tres niños pequeños era toda una proeza. El tío Álvaro era ciego por culpa de una infección y durante un bombardeo en Cibeles se le hundieron los ojos para siempre. A la abuela le dieron una vez gato por liebre (conseguir gato fresco no era nada fácil) y cuando las vecinas la veían subir por la escalera maullaban porque sabían que le daba mucho asco. Una vez cayó una bomba en Tirso de Molina, justo encima de “La gota de leche”. Las mujeres embarazadas y las madres con sus bebés hacían cola para conseguir un poco de alimento. Murieron todos y por Lavapiés abajo corría un reguero de sangre que llegaba hasta la plaza. Cuando éramos pequeños y no queríamos comer, la abuela decía: “Una guerra os hacía falta...”. Creo que hasta el día de su muerte tuvo presente el hambre insoportable que pasaron durante el sitio de Madrid, tanto es así que cuando lo del 23 F lo primero que hizo fue bajar al supermercado y atiborrar la despensa de conservas y legumbres. También recuerdo a la abuela intentando subir a un tren para salir de Madrid; a los niños robando comida y poniendo al ciego de vigía porque tenía muy buen oído y no se le escapaba una; un trocito de seso que se quedó pegado en un escaparate tras un bombardeo en la Gran Vía; a los italianos entrando en la ciudad sitiada; la represión; la cárcel; el piojo verde; tres fusilamientos ficticios, a las mujeres contanto colchones en la cárcel de Portier, intentando adivinar si su marido o sus hijos continuban con vida; el exilio; el regreso... Recuerdos que forman parte de la infancia junto con las galletas María y el Cola-Cao de la merienda, recuerdos que forman veintitantos años más tarde con otro acento, con otro clima, con otra piel... Ciudad de San Salvador Primavera de 1996 La guerra ha dejado los montes que rodean a Suchitoto cubiertos de minas. La legión de cojos y mancos que encontramos a nuestro paso dan buena fe de ello. Suchitoto es una ruina rodeada de lagos y volcanes, donde la vida intenta renacer entre los escombros. Hasta hace unos pocos años los perros comían despojos humanos y era frecuente verlos devorando manos, dedos, piernas... Nos lo cuenta Félix, nuestro técnico de sonido, mientras se enciende un pitillo y sonríe con el fatalismo de las gentes centroamericanas. Nada parece grave. Llevamos ya un mes en El Salvador y poco a poco nos vamos acostumbrando a convivir entre los recuerdos de la guerra y las necesidades de la posguerra. Betty tiene veintitrés años y los ojos más profundos que el lago de Cuchitlán. Tiene dos niños, fruto de la guerrilla y el pasado de una anciana. Empezó a luchar a los nueve años y, según dice, ha matado a muchos hombres grandes como montañas. Su compañero la pega y ella sueña con viajar a España donde confía en poder trabajar y vivir con dignidad. Betty interpreta a Lira en la Numancia de Cervantes y a través de sus versos nos cuenta su propia historia. Marandro muere entre sus brazos igual que murió aquel guerrillero que la dejó en herencia a su hija Frida. Roberto lleva todo el día raro, su hermana se trastornó con la guerra y ha desaparecido llevándose a su niño. Hermes nos cuenta con entera tranquilidad cómo a su hermano los militares le “hiceron leña”. Karin no quiere hablar de los últimos trece años, pero cuando le toca interpretar la escena de la violación de Isabel en “El alcalde de Zalamea” se estremece y llora. Tony pasó la guerra intentando salvar una escuela rural donde los niños bajaban kilómetros a por agua entre ráfagas de ametralladora. Jack es un jesuita alto y delgado, con el pelo muy blanco y largo. Dirige desde hace años un grupo de teatro compesino y ha descubierto en “Fuenteovejuna” el mejor medio para denunciar la situación de los campesinos de su país. Nos llevan al lugar donde vamos a representar nuestro espectáculo: el Teatro de las Ruinas. Entre los escombros de una antigua casa de la época colonial han levantado un escenario que iluminan con unos cuarcitos. El Teatro Nacional de San Salvador nos ha prestado unos micros que ninguno sabemos controlar muy bien. Varios niños están trayendo los bancos de la escuela donde se sentará el público, humilde y mestizo en su mayoría. Mujeres descalzas con niños colgando del pecho, jovencitas con trenzas negras y vestidas de fiesta, hombres serios y curtidos por el sol tocados con sombreros de paja... A las ocho comienza la representación (allí anochece muy pronto). El aplauso nos pone un nudo en la garganta. Estamos en Suchitoto, la ciudad sitiada, la ciudad más castigada por la guerra y cientos de hombres y mujeres esperan a que esos cuatro españoles les cuenten algo. Comenzamos con “Numancia”. Entre los cascotes los versos de Cervantes suenan como mazazos. Los ojos de los hombres y mujeres del público se abren como platos y se reconocen en las palabras de Teógenes, se ven reflejados en la angustia de las mujeres numantinas, en el hambre, en el dolor, en la muerte. Ellos son el pueblo de Numancia aquí y ahora y nos lo demuestran con la ovación cerrada que pone fin al espectáculo.
 

Ficha Tecnica:

Diseño de iluminación JUAN RIPOLL
Técnico de iluminación CARLOS ARANDOJO
Diseño y realización de vestuario LA LAGARTA
Diseño Gráfico SUSANA SALERNO
Comida de la ayuda humanitaria MORBORIA
Músicas REQUIEM de G. FAURÉ, PASIÓN según San Mateo, de J. S. BACH, MÚSICAS TRADICIONALES de MÉXICO, NICARAGUA Y CROACIA
Producción MARIANO LLORENTE

Espacio y dirección escénica LAILA RIPOLL

Nuestros agradecimientos a RHK y PRODUCCIONES CACHIVACHE
PRODUCCIONES MICOMICÓN

 





Duración: 70 minutos