Muestra

15 voces conversan sobre el legado de la Muestra

Rodolf Sirera

Una difícil navegación

Quizá la virtud más destacada de Guillermo Heras sea la obstinación. Durante una década fue el primer y único capitán de uno de los proyectos más enriquecedores que conoció el teatro y la danza contemporánea en nuestro país, y en el que se puede rastrear el inicio de muchas trayectorias profesionales hoy consideradas prestigiosas, el Centro Nacional de Nuevas Tendencias Escénicas, cerrado arbitrariamente en 1994 por el mismo organismo ministerial que lo había creado. Casi al mismo tiempo, y también por iniciativa de Guillermo Heras, nacía la Muestra de Teatro Español de Autores Contemporáneos, que próximamente alcanzará su XXX edición. Pero será ya una edición que Guillermo no capitaneará. Si sumamos ambos períodos, comprobaremos que estamos hablando de casi cuarenta años: media vida de una persona. Con la Muestra, el INAEM intentaba propiciar una especie de continuidad con el incomprensiblemente cancelado CNNTE. Y Guillermo Heras, con esa obstinación de la que antes hemos hablado y que tan bien le caracteriza, aceptó el reto de poner en marcha un carro del que, como en varias ocasiones se comprobó, tiraban demasiados bueyes, y no siempre en la misma dirección. Si ya es difícil en este país aunar esfuerzos para lograr que salga adelante un proyecto, aún lo es más si ese proyecto tiene como objetivo poner en valor el trabajo de unos autores que escribían algo tan poco interesante socialmente como es el teatro, y que encima no habían tenido el buen gusto de morirse. Contra todos estos fantasmas tuvo que luchar Guillermo Heras. Y contra otros, no menos caprichosos, como eran las pugnas entre las instituciones que patrocinaban la Muestra, los afanes de protagonismo de unas o la indiferencia de otras. Sí, y no tiene sentido ocultarlo, porque hemos llegado al momento de los homenajes: cada vez el esfuerzo ha tenido que ser mayor, cada vez ha sido más difícil convencer a unos y a otros de que reivindicar la cultura, luchar por la cultura, es también luchar por un mundo mejor. Un mundo más libre. Eso intentó contra viento y marea Guillermo Heras. Superando obstáculos, tratando de aunar, de convencer. Quienes lo conocemos desde hace muchos años y lo queremos, sabemos que el esfuerzo ha sido grande y no siempre los resultados han estado a la altura de las expectativas. Por eso, nos hemos acostumbrado a ver a un Guillermo cada vez menos dado al optimismo. Sí, ha sido un trabajo duro, un trabajo ingrato, en el que solo la convicción de que se estaba haciendo lo correcto ha podido mantener vivo el proyecto. Y esta es sin duda la mejor herencia que deja Guillermo Heras a la ciudad de Alicante, a las instituciones que, a lo largo de estos años, con mayor o menor convicción o con mayor o menor entusiasmo han venido apoyando la Muestra, y sobre todo, que le deja al teatro español: hay que continuar, hay que creer en el proyecto, hay que involucrar a una ciudad que con frecuencia peca de indiferente y hacer renacer la convicción y el entusiasmo de los profesionales. La Muestra tiene que volver a levantar el vuelo. Y ese será sin duda el mejor homenaje que le podemos hacer todos a Guillermo Heras.