Muestra

15 voces conversan sobre la autoría del mañana​

Paco Zarzoso

La autoría del futuro

No puede haber teatro en el futuro, ni siquiera en el presente, en todo caso existió un teatro en el origen, cuando la libélula y el alacrán se reencontraron.

No puede haber teatro en el futuro, porque el único anticoagulante de la sangre humana es la sangre de nuestros antepasados. Por tanto, los autores dramáticos venideros solo se podrán disfrazar con las galas de nuestros difuntos.

Falta tanta niebla, tanta roña, tanto licor de lirios, tanto ajenjo, tanta pólvora mezclada con oro, tanto sombraje sin hielo en el teatro del presente, que el escritor dramático del futuro debería desde ayer callejear en todos los desiertos, con una grabadora cazando EL GRAN ALARIDO.

Invito a los comediógrafos del futuro a tener demencia infantil y a tatuarse la jeta de Antonin Artaud en el hígado.

Dentro de siete años el teatro morirá. Dentro de catorce, resucitará. Dentro de veintiocho renacerá como refugio y se podrá volver a beber vino en la platea. Dentro de setenta y siete años el teatro recuperará el esplendor helénico. Dentro de doscientos años el teatro se representará solo por actrices ciegas. Dentro de treinta mil años los teatros romanos que queden en pie albergarán las luminarias de la verdadera democracia… Dentro de un millón de años el teatro morirá en los brazos de una divina madrastra. Y mientras tanto, los escritores dramáticos, serán cada vez más alcohólicos.

Escribir sobre la escritura del futuro es tan aberrante como escribir sobre la libertad, la lascivia de los viacrucis o la desesperanza. Es una cárcel tan aséptica como el despacho oval del María Guerrero.

El futuro tiene carita de rosa. ¡Viva Goya García Inclán! 

El futuro es una rotonda desdentada. A los autores dramáticos del presente deberían darnos una paga extra cada día para remendar con humor fatuo las heridas más inhumanas o callar para siempre.

Yo no quiero ser autor de un teatro del futuro. Me conformo con ser auxiliar de nube.

En el teatro del futuro habrá dos tipos de autores: los que escriban a pie de obra… y los que trabajen en la obra todo el día de pie… Los primeros cuidarán más de la palabra y los segundos del canto y la adoración al botijo.

Se me acaba de ocurrir una obra de teatro de esas del futuro: No hay nadie en escena, solo una gran montaña de matasuegras que sobraron de la última nochevieja de nuestra era… Entra en escena el autor con un disfraz de amianto y una máscara de mí mismo. Prende fuego a la gran pira de matasuegras mientras suena El Romeo y Julieta de Prokófiev. Me conceden el Premio Novel de Literatura y me jubilo en el tercer acto a mí mismo. Telón de zarcillos.

¿El teatro del futuro solo se salvará si los poetas toman el poder absoluto de la escena? Ni pensarlo… ¿Solo una autarquía poética puede liberar al teatro del hastío, el hielo, el cainismo y la brucelosis? Claro que no. Pero qué sueño tan apetecible.