Muestra

15 voces conversan sobre la autoría del mañana​

Pablo Messiez

Los ojos despiertos tienden a abrirse.

Mientras que cerrarlos parece requerir de una pequeña fuerza, abrirlos se parece a soltar.

¿Cómo mirar, soltando, como si los párpados mantuvieran un abrir constante que no se dejara capturar por lo que cree haber entendido, por lo que ya había visto antes?

Cuanto más nos alejamos de las partes mínimas de las cosas del mundo, más espacio hay para controlar con nuestros saberes previos eso que estamos viendo. Aquello que miramos queda subordinado a nuestro poder de nombrar. Somos el Hombre que bautiza las cosas mientras las cosas se ríen de los nombres.

Roberto Juarroz, escribió:

Desbautizar el mundo, / sacrificar el nombre de las cosas / para ganar su presencia. / El mundo es un llamado desnudo, / una voz y no un nombre, / una voz con su propio eco a cuestas. / Y la palabra del hombre es una parte de esa voz, / no una señal con el dedo, / ni un rótulo de archivo, / ni un perfil de diccionario, / ni una cédula de identidad sonora, / ni un banderín indicativo / de la topografía del abismo. / El oficio de la palabra, / más allá de la pequeña miseria / y la pequeña ternura de designar esto o aquello, / es un acto de amor: crear presencia. / El oficio de la palabra / es la posibilidad de que el mundo diga al mundo, / la posibilidad de que el mundo diga al hombre. / La palabra: ese cuerpo hacia todo. / La palabra: esos ojos abiertos.

Entonces repito: ¿cómo mirar soltando? ¿Cómo dejar abiertos los ojos de la palabra?
¿Son nuestras palabras un cuerpo hacia todo? ¿O se han ido encerrando hacia nosotros mismos? ¿Son ojos abiertos, o cerrados para no perder el control de lo que quieren decir que es lo que ya ha sido dicho?

Miro al teatro. Me pregunto por sus partes mínimas, para intentar verlo con ojos nuevos. Me contesto que, sin presencia, no existe. Sin un espacio y una mirada que le den sentido, no es posible tal experiencia. Por algo es el lugar desde donde se mira.

¿Y la palabra? ¿Qué lugar ocupará en ese espacio? ¿Cómo será escribir para poner en relación?
¿Cómo sería un teatro en el que el espacio se imaginara junto con las palabras y en el que las palabras busquen crear presencia sabiéndose parte de la voz del mundo?

En vez de estar en el mundo, estar con el mundo.
En vez de pensarse centro, ver que no existe tal cosa.
Escribir como un salto al vacío para ponerse en relación con aquello que no sabe nuestra lengua, con aquello que nuestra lengua no sabe.

Si toda mirada desea, la que procura imaginar futuro es puro anhelo.
Este es el mío.