Muestra

15 voces conversan sobre la autoría del mañana​

María Velasco

Pisar lo fregado

Cuando leo estas siete palabras, “Muestra de Teatro Español de Autores Contemporáneos”, mi atención queda prendida en el último adjetivo porque, dependiendo del enunciante, el término “contemporáneo” adquiere significados diferentes.

¡Respirad tranquilas que no voy a pegar la definición del DRAE!

Una vez vi un neón que decía: All art has been contemporary (todo el arte ha sido contemporáneo). No estoy de acuerdo, aunque… ¡Qué decorativo y qué bien lucía ese neón en aquel pub! Tampoco lo estoy con quienes se acogen, tratándose del arte, de manera oportunista, a la acepción de lo contemporáneo como lo que vive (nace, muere y, sobre todo, se reproduce) aquí y ahora.

También da lástima cuando se identifica con tips o must (uso anglicismos a conciencia), que funcionan a la manera de los filtros de las RR.SS. (uso el acrónimo a conciencia). Un filtro, moderno caviar, que le queda bien a cualquier contenido, incluso a los más acomodaticios. En esas ocasiones, en las que se confunde lo contemporáneo con una moda, se sale del teatro como de esos hostales donde se imita el diseño nórdico sin que nada funcione.

¿Qué es lo contemporáneo? es el título de un texto de Agamben en el que se aborda el concepto desde lo intempestivo: desconexión, desfasaje, desincronía. Aunque Agamben, como pensador de la filosofía contemporánea, es más bien un maestro ignorante y evita las soluciones, se deduce que la contemporaneidad consiste en una singular relación con el propio tiempo. Me viene a la cabeza un verso de J. A. Goytisolo: “Nunca te entregues ni te apartes”.

Entre tragos, en aquel pub (all art has been contemporary), le confesé a un conocido, al que entonces me presentaba en términos artísticos, que yo no era contemporánea: “tengo – le dije – demasiados cadáveres en el armario”. Algo que, por cierto, sucede mucho en España. Existe una reticencia y una limitación con lo contemporáneo, no solo en cuanto a gestión cultural, sino también por parte de nosotras, las artistas. Y es que hay demasiados muertos en las cunetas y una deuda de memoria, un trabajo pendiente desde las políticas que atraviesan el patrimonio, el urbanismo, la educación…

Todo esto nos lleva a dedicar la mayor parte del tiempo a hacer homenajes en lugar de obras. ¿Habrá oportunidad de ir pisando lo fregado en un futuro no lejano?

Leí en algún lugar que los hombres felices no tienen historia, y las mujeres muchísimo menos. De mayor, y ya no me queda mucho tiempo, cuando haya armado mi infancia como otros arman su casa, yo quiero ser feliz y, si cabe, contemporánea. No se trata de abstraerse por completo del pasado, pero sí de dar lugar a la emergencia de matrices e interfaces que nos permitan comunicarnos con un futuro tan temido como deseado. “No pretendamos que las cosas cambien – dijo Einstein -, si seguimos haciendo lo mismo”.

¿El futuro? ¡Que pase! Vestido de utopía o de distopía, de Motomami… 

La Muestra de Teatro Español de Autores X tendrá que crear sus propias definiciones, plantear su propia incógnita.