Muestra

15 voces conversan sobre la autoría del mañana​

María Goiricelaya

Valdivia en el alma

En 1960 tuvo lugar en Valdivia (Chile), el terremoto más grande de la historia de la humanidad. Fue percibido en todo mundo. Pienso en la autoría actual y puedo sentir ese temblor bajo mis pies. Somos las historias futuras de ayer. Aquello que pensamos en contar y que hoy se materializa bajo eclécticas miradas creativas: la autora actriz, la directora dramaturga, el espectador intérprete, el escritor performer, la creadora actante… la sacudida de formas y contenidos es abrumadora. Aspiramos a entender el futuro desde nuestro presente sin darnos cuenta de que, superada la autarquía literaria, Lehmann nos dejó instaladas en el postdrama y a la deriva de un teatro por descubrir. La relación no representativa entre la palabra y el resto de los materiales que construyen la escena hace rato que se antoja extemporánea y el concepto de autoría espera nervioso y expectante las nuevas formas del futuro.

La pluralidad de elementos y lenguajes escénicos y el abandono del público pasivo indican el rumbo de lo que está por venir, pero, si las nuevas dramaturgias hace tiempo que son ya viejas, ¿cuál será la autoría venidera?, ¿hacia dónde se dirige la dramaturgia hoy?”

Atravesamos una ilusión de novedad desde principios del siglo XX y, creámoslo o no, nuestro paradigma sigue siendo el mismo desde entonces: “dramático” o “posdramático”. O nos aferramos a ese teatro que sigue fiel al principio de representación o apostamos por ese otro que quiere ser “presentación”. Ahora bien, si examinamos la autoría presente intentando vislumbrar el cambio, la realidad muestra que esta dramaturgia actual se acoge a un todo que no precisa de más catalogaciones. Por más que nos empeñemos, no todo lo nuevo en teatro es posdramático, sino que muchas de las supuestas manifestaciones de esta nueva era no son más que una vuelta a las vanguardias históricas o a ese teatro dramático del que venimos huyendo (o quizás no). Lo que sí queda de manifiesto en los nuevos textos es que la autoría contemporánea navega perfectamente entre ambos mares conciliando lo nuevo y lo de siempre en un perfecto eterno retorno.

Si miramos las nuevas formas, el espectro es amplio: metateatralidad, narraturgia, autoficción, dramaturgias de yo, nuevas tecnologías aplicadas, irrupción de la realidad, monólogo, interpelación constante al público… todo ficción, al fin y al cabo. Queremos deconstruirlo todo para volver a construir desde un cambio forzado y poco original y hablamos constantemente de esas “nuevas dramaturgias” que son ya viejas glorias de un presente vertiginoso. La forma es importante, eso es innegable, pero, más allá de ella, lo interesante se centra en el cometido. En este sentido, el gran denominador común de la tan prolífica autoría de hoy tiene que ver con el pensamiento crítico; en escribir un teatro que no reconforta, que huye de ser una mera defensa del pensamiento de la autora/or y que se ocupa de confrontar al público con sus propios prejuicios y convicciones, desde cualquier forma y género. Ese teatro que vive en la frontera y que quiere sacudirnos y llevarnos a lugares a los que ni siquiera pensábamos que queríamos ir. Ese teatro que es (y debe ser) el cataclismo de Valdivia en nuestras almas.