Muestra

15 voces conversan sobre la autoría del mañana​

Mafalda Bellido

Busco en mis estanterías

Busco en mis estanterías y encuentro el número de Primer Acto en el que se daba cuenta de las reflexiones sobre la I Muestra de Autores Contemporáneos de Alicante. Un artículo de Itziar Pascual, acompañada de una conversación entre cinco autores y autoras y la publicación de la obra de un autor, por entonces inédito, Juan Mayorga.

No sé dónde lo compré, imagino que en alguna tienda de viejo, pero mágicamente tengo ante mí las preocupaciones, reivindicaciones, sueños y desvelos de algunos representantes de la generación de autores que nos precede. Algunos de ellos han sido y son nuestros referentes.

Llego a la conclusión de que en este tiempo nuestras necesidades no han cambiado mucho. Es cierto que hemos ampliado el concepto de autoría y abrazamos otras formas de comunicarnos con el público, pero la esencia de nuestro oficio es la misma. Y en las voces de nuestras demandas actuales escuchamos los ecos de las demandas de los que nos antecedieron.

Entre otros problemas estructurales, se destacaba la precariedad del oficio del autor. Una precariedad que no le permitía vivir de su trabajo y que le obligaba a compatibilizar con otros empleos para poder subsistir. Hoy en día, sigue siendo una utopía para la mayoría vivir de las obras que escribimos. Muchos, pero sobre todo muchas, llegamos a la escritura dramática siguiendo la estela de nuestra primera vocación, la de actuar, y desde esa necesidad escribimos nuestros textos. Textos que para que vean la luz tenemos que producir con nuestras compañías. Compañías en las que, como mujeres orquesta, atendemos y ejercemos múltiples y variados oficios. Relacionados o no con el teatro, esos trabajos a los que nos vemos abocadas siguen minando nuestro horizonte de vivir de la escritura. Nada nuevo bajo el sol del siglo XXI.

En el editorial de ese mismo número, José Monleón apuntaba que “la salud de cualquier teatro empieza por la existencia de la buena salud de la dramaturgia nacional” y en eso sí que algo hemos evolucionado. Desde los inicios de la Muestra hasta hoy, las mujeres van ocupando, por fin, un espacio que les correspondía. El número de autoras ha crecido exponencialmente en los últimos años y con las nuevas generaciones. Una dramaturgia al pie y al tiempo de esta época convulsa y llena de cambios que, como autoras y autores, deberemos reflejar.

José Monleón finalizaba afirmando: “Los autores están y deben ser leídos y escuchados”. Por eso la existencia de la Muestra y su larga vida, a pesar de las vicisitudes sufridas, demuestra que seguimos precisando de un lugar en el que, aparte de mostrar nuestros trabajos, podamos encontrarnos, reconocernos, formarnos, reciclarnos, reivindicar y también reivindicarnos.

En ese mismo número, una de esos cinco autores incipientes declaraba que ella buscaba en el teatro “dolorosa y descarnadamente la belleza”. Esa autora era Angélica Liddell. Y yo no puedo estar más de acuerdo en que debemos seguir persiguiendo, y a pesar de todo, esa belleza en nuestro oficio.