Muestra

15 voces conversan sobre el legado de la Muestra

Laila Ripoll

Treinta años

Hace ya más de veinte años desde la primera vez que participé en la Muestra de Teatro Español de Autores Contemporáneos de Alicante. Concretamente fue en la VII edición con La ciudad sitiada, el primer texto que escribí y que tan importante fue para Micomicón, la compañía en la que desarrollo mi trabajo desde hace ya más de treinta años. Mi participación en la Muestra fue fundamental para mí, significó, nada más y nada menos, la posibilidad de mostrar el trabajo en un marco perfecto, con todo a favor y en las mejores condiciones, ante un público acostumbrado y exigente. También la posibilidad de creerme que, de verdad, era posible escribir teatro. Fue, por tanto, el empujón que cualquier autor novel necesita, el estímulo necesario para seguir escribiendo. Ahí es nada.

La última vez que visité la Muestra fue hace un par de años, en la XXVIII edición y tuve la fortuna de estar presente con dos textos muy diferentes. Mucho ha sucedido entre una edición y otra. La autoría española contemporánea vive, desde hace algunos años, uno de los mejores momentos de su historia y, desde luego, a este florecimiento no es ajena la Muestra. Pero echando un vistazo al histórico para buscar las fechas exactas y refrescar la memoria, hay algo que llama la atención poderosamente: en la VII edición solamente hay tres textos escritos por mujeres de entre 26 espectáculos programados. Afinando más y teniendo en cuenta los textos escritos en colaboración, me sorprende que, en total, de 34 autores solamente 4 son mujeres, poco más de un diez por ciento. Pensándolo bien no es de extrañar: eran tiempos en los que algún director de teatro público afirmaba sin despeinarse que no programaba textos escritos por mujeres porque no los había, tiempos en los que era dificilísimo encontrar espectáculos con autoría femenina en redes o en festivales. Así que me pongo a contar para ver qué sucede en la edición XXVIII y me encuentro con que, de 23 espectáculos, más de la mitad – trece exactamente- cuentan con una mujer entre sus autores y que sumando hay 15 autoras entre un total de 34 autores, casi el cincuenta por ciento. Como ya me he picado con el asunto sigo investigando y descubro que para la IX edición, siguiente vez en la que participo, el número de autoras ha subido hasta casi un veinte por ciento. Y así, poco a poco, con altibajos y algún descenso en alguna edición, la progresión continúa y las autoras presentes se van multiplicando, van ganando visibilidad hasta alcanzar ese cincuenta por ciento que hace veinte años parecía impensable.

Desde luego que esto no es una casualidad. Responde a un esfuerzo, a un empeño por visibilizar y dar voz, a un esfuerzo titánico por sacar a la luz los referentes y no solo en los escenarios, también en los talleres, actividades, publicaciones… responde a saber que las autoras también existían, solamente había que tener voluntad y los ojos bien abiertos. Y, sobre todo, responde a un inconmensurable amor por el teatro y por la autoría española contemporánea, un amor de décadas y una dedicación militante que, a veces, raya ya en la chaladura. Un empeño por parte de la Muestra y, en concreto, por parte de su creador, Guillermo Heras, chalado mayor del teatro, maestro y amigo, del que me es muy complicado hablar en tan pocas líneas, en parte por lo mucho que le debo y en parte por lo mucho que le quiero.

Solamente me queda ya espacio para agradecer a la Muestra y, en especial a Guillermo, el esfuerzo y el mimo de todos estos años. Porque soy consciente que sin ese esfuerzo y sin ese cuidado seguramente yo no estaría escribiendo.