Muestra

15 voces conversan sobre el legado de la Muestra

Jesús Campos

Amigo Guillermo:

Durante muchos años hemos remado en barcos distintos, aunque con idéntico destino: largas travesías que propiciaron más encuentros que desencuentros, y que, a la postre, dejaron tras de sí un grato recuerdo.

La defensa de la autoría española fue la motivación en la que coincidimos. Y digo bien: “defensa”, puesto que había un ataque. O un ninguneo, en el mejor de los casos. La hostilidad que la dictadura había generado contra todo lo que fuera inteligencia no se resolvió con la Transición en lo que al teatro se refiere, pues una mano negra seguía maquinando para convencernos de que no había autores o, si los había, sus obras carecían de interés. Trataban así de hacernos creer que el destrozo ocasionado por la censura no había sido tan grave. Gajes de la Transición, aunque mejor tragar sapos que no volver al guerra-civilismo.

En ese entorno, el Centro Nacional de Nuevas Tendencias Escénicas, que te inventaste (o que te inventaron), fue la gran apuesta del momento. Abierto a todo estilo y a toda procedencia, allí diste cabida a mucha opera prima, al tiempo que los “clásicos contemporáneos” (como nos motejaste) éramos requeridos para impartir talleres. Más que una transición era un punto y aparte, de ahí nuestras discrepancias; lo que no impidió que mantuviéramos una fructífera colaboración.

Estando yo al frente de los Teatros del Círculo (Círculo de Bellas Artes), fueron muchas las ocasiones en las que pudimos colaborar mediante coproducciones o programación de espectáculos, además de los talleres antes citados. Y gracias al empeño de aquellas instituciones que entonces dirigíamos, fueron muchos los autores que, pese a “no existir”, pudieron estrenar.  Y pudo haber sido un tiro aislado, pero no; tu trayectoria de apoyo y fomento de la autoría española fue siempre una constante: implicado en proyectos más personales, como El Astillero, o más internacionales, como Iberescena, siempre has estado ahí, creando oportunidades. 

Y dejo para el final la Muestra de Teatro Español de Autores Contemporáneos de Alicante: tu logro, en mi opinión, más relevante. Y en la que me atrevería a decir que, pese a los quebraderos de cabeza presupuestarios, has podido actuar durante más de un cuarto de siglo (ahí es nada) con mayor libertad y, por fortuna para todos, con gran acierto. 

En tan dilatado espacio de tiempo, la Muestra ha acogido espectáculos de todas las procedencias, abarcando todas las poéticas y todas las edades. Gracias en nombre de los compañeros a los que, en esos mismos años, tuve el privilegio de representar. Y en lo que me atañe más personalmente, te agradezco igualmente las cinco ocasiones en las que se programaron obras mías, la Palma otorgada a la Asociación de Autores de Teatro cuando yo estaba al frente, y el homenaje que me hicisteis; por más que, como ya irás comprobando en carne propia, los homenajes tengan mucho de fin de fiesta. 

Pero la fiesta debe continuar, por más que ahora sean otros los que asuman la tarea de dar visibilidad a la dramaturgia española. El camino está trazado y, aunque ya sabemos que los presupuestos son una selva llena de trampas, espero y deseo que sepan sortearlas. En suma: larga vida a la Muestra, pues su continuidad será, qué duda cabe, el mejor homenaje. Y a ti, buen amigo, suerte en tus nuevas singladuras, porque quieto ya sé que no te vas a quedar.