Muestra

15 voces conversan sobre el legado de la Muestra

Ignacio del Moral

Cuando empezábamos, Guillermo estaba allí.

Para aquellos que empezamos nuestra vida teatral en los 80, especialmente aquellos que nos movimos en los alrededores del aún llamado Teatro Independiente, Guillermo Heras ha sido una presencia constante a lo largo de nuestras vidas.

La primera vez que supe de él fue como director de algunos de los últimos montajes de Tábano. Llegué incluso (tal vez ni él mismo lo recuerde) a verle en escena, haciendo una sustitución en un bolo en el Escorial en La Mueca del Miedo, de Dario Fo.

Pero cuando su nombre se convirtió en una ineludible referencia fue a raíz de la creación del CNNTE (Centro Nacional de Nuevas Tendencias Escénicas). Fue, y lo he dicho muchas veces, una tarea insuficientemente comprendida y valorada, que debió darle muchos quebraderos de cabeza. Nuestro gremio, siempre presa de la precariedad, vive sumido en una perpetua sensación de agravio, una ansiedad que le impide valorar y sobre todo agradecer el trabajo de personas como Guillermo. Y me incluyo entre quienes, desde la ignorante arrogancia veinteañera, se dejaban llevar por aquel discurso de la crítica fácil.

Desde el CNNTE, Guillermo no sólo estrenó autores y trabajos de grupos que exploraban las posibilidades de arte escénico, dando cabida a todas las estéticas y tendencias (incluida la mía, bastante alejada de sus criterios), sino que inició una línea de publicaciones y ediciones de textos que, vistos ahora, permiten ver cómo incluye a muchos de los que, peinando ya (los que conservan el pelo) canas son figuras indiscutibles de la autoría española.

Pero sobre todo convocó una serie de talleres de dramaturgia, impartidos por autores más veteranos a incipientes dramaturgos y dramaturgas. Una iniciativa que propiciaría el resurgimiento de la dramaturgia autoral, que por entonces se declaraba prácticamente extinta. En un momento en que el prácticamente no existían escuelas de escritura, y mucho menos estudios reglados, aquellos talleres fueron fundamentales y fundacionales.

No me queda mucho espacio, pero no puedo acabar sin mencionar la Muestra de Teatro de Autor Contemporáneo, igualmente decisiva en la carrera de tantos autores y autoras, y de cuyo ejemplar y heroico desarrollo he sido testigo bastante cercano; y su trabajo con El Astillero, donde se reveló como autor, y otros desempeños que he seguido menos de cerca. Sé que su nombre es conocido y apreciado en Latinoamérica, donde sigue impartiendo talleres, cursos y fomentando iniciativas.

Mi aprecio por Guillermo ha ido creciendo con los años. Vista en perspectiva, su tarea se revela como fundamental. Los que creemos que la dramaturgia española vive un gran momento creativo sabemos que Guillermo desempeñó un importante papel en la génesis de esta efervescencia.

Porque, cuando empezábamos, Guillermo estaba ahí.