Muestra

15 voces conversan sobre el legado de la Muestra

Ernesto Caballero

GH

Guillermo ha sido determinante en la trayectoria artística de muchos de nosotros. La deuda que tenemos contraída con él por su apuesta por la creación contemporánea es impagable. Su gestión al frente del CNNTE en la Sala Olimpia (hoy teatro Valle-Inclán), no sólo posibilitó el desarrollo y la renovación de los lenguajes teatrales, sino que, mediante talleres y otras actividades, fomentó la escritura dramática de quienes empezábamos a hacer nuestras primeras armas a finales de los ochenta. El colofón de esta excepcional iniciativa – pues se trataba de una excepción entre tanto proyecto cultural efímero y cortoplacista – cristalizó en la creación de la Muestra de Autores Contemporáneos celebrada anualmente en la ciudad de Alicante.

Esta iniciativa se convirtió en el epicentro de un seísmo que habría de sacudir todo un paradigma teatral cimentado, salvo contadas excepciones, en un repertorio ajeno a las voces contemporáneas y cuyo único espacio de exhibición se hallaba en las incipientes salas de lo que sería conocido como Teatro alternativo.

La Muestra de Alicante, al cabo de estos años, ha resultado ser el feliz escaparate de una fecunda escritura dramática en estos momentos especialmente esplendorosa como acreditan tantos excelentes autores/as de nuevas hornadas y que se hallan representados en la figura de Juan Mayorga, recientemente galardonado con el Premio Princesa de Asturias, justo reconocimiento a un género literario concebido en perspectiva de puesta en escena.

Guillermo, hijo del Teatro Independiente de los 70, nunca ha dejado de impulsar un teatro del aquí y ahora; él ha entendido como nadie que la literatura dramática se consolida al confrontarse con el público. Hombre de teatro integral, sabe que todo movimiento de necesaria renovación del hecho teatral requiere una nutrida vanguardia de escritores de y para la escena y, de igual modo, Guillermo contempla la diversidad de propuestas temáticas y estilísticas como algo necesario y vital para la buena salud del repertorio contemporáneo, lo cual se ha traducido en una apertura en su labor de avistador de talentos desprendida de sectarismo estético o ideológico.

Guillermo, como decimos, fue el primero en organizar talleres de escritura dramática cuando no existía tal especialidad en las escuelas de arte dramático. Conocedor de que las grandes apuestas culturales deben plantearse a largo plazo arrostrando aciertos y errores ha mostrado una admirable fortaleza a la hora de superar espurias presiones de la política con minúscula, haciendo gala de extraordinaria tenacidad pedagógica entre los páramos de la incomprensión y la ignorancia. A Guillermo, tantas veces solo ante el peligro ante instancias donde nunca llegó la Ilustración, lo admiramos también por su arrojo y tenacidad a la hora de fajarse y plantar desigual batalla en el corazón de esa Matrix político-administrativa que todo lo apaga con su indiferencia. Menos a Guillermo, el tábano de los burócratas.

Y es que una figura capaz de aunar el talento en la gestión, la excelencia en la creación artística y una condición excepcional de perseverancia y lucha frente a las muchas adversidades de nuestro precario imaginario cultural no surge todos los días. Al final, los grandes avances y transformaciones, a pesar de lo que sostenga la ortodoxia del cientifismo histórico, lo llevan a cabo individuos de una inquebrantable determinación, personalidades únicas como la de nuestro Guillermo a quien tanto debemos y agradecemos.