Muestra

15 voces conversan sobre el legado de la Muestra

Carolina África

Primeros pasos

 Llevo días buscando un momento para escribir. Siendo autónoma, teatrera y madre de dos hijos nunca aparece el codiciado tiempo. Tengo que escribir para Guillermo, me digo, mientras recojo del suelo a mi pequeña Irene que de un culetazo se ha quedado atrapada entre las patas de una silla. ¿Por qué quieres meterte por ahí? ¡No cabes!

Venga, sí cabes. Coge mi mano, deja que te ayude.

Mi hija ha empezado a andar, mueve sus piernas con ímpetu, brío y torpeza. Avanza intrépida -temeraria- y por más que tropieza rara vez llora y vuelve a intentarlo. Aprender a caminar, qué decisivo y trascendente en la vida. Tengo que escribir para Guillermo… Y mientras veo a mi pequeña levantarse con determinación, buscar el equilibrio y continuar su camino, pienso en Guillermo y en mis primeros pasos como dramaturga.

En 2012 gané el Premio Calderón de la Barca para autores noveles. Me daba mucha vergüenza decir que era autora teatral ¿Cobardía? ¿Inseguridad? ¿Síndrome de la impostora? Y recuerdo lo importante que fue formar parte de la Muestra de Autores Contemporáneos de Alicante, recibir esa ayuda cariñosa y determinante en los primeros pasos: “Venga, sí cabes. Coge mi mano, deja que te ayude”.

Guillermo es ese hombre de teatro imprescindible y encantador -con cara de duende- que incansablemente ha tendido en la dramaturgia puentes generacionales nunca excluyentes sino compartidos. Posee la sabiduría serena y generosa del que es capaz de ayudar a los que vienen detrás enseñando que crecer juntos es más enriquecedor.

Después de esa primera Muestra vinieron otras, una beca de Dramaturgias Actuales – cuya colección alberga la página de la Muestra – y una participación en un coloquio al que no pude asistir porque me puse de parto de mi primer hijo: “Querida, este sí que es un estreno importante. Qué hermosura, habrá que traerlo a que vea el Mediterráneo”- me escribió.

Asistir a algún taller suyo fue un regalo de la vida y su mano tendida me ha permitido ver textos míos estrenados en Buenos Aires y dirigir en la preciosa Casa de América. Si hoy me asumo como autora sin complejo y con coraje, en parte se lo debo a él. Creo que nunca se lo he dicho y esta es una bonita ocasión para darle las gracias: GRACIAS.

El azar ha querido que otro texto mío, casi 10 años después, sea el espectáculo que ha cerrado su último año como director de la Muestra. Recibí la noticia antes de subir el telón con tristeza y estupor. No puede ser. Fue una sensación de orfandad extraña. Y ahora, ¿qué va a pasar? ¿Desaparecerá la Muestra? ¿Quién recogerá este importante testigo?

Guillermo ha dejado el listón muy alto y Mónica Pérez tiene un reto difícil y precioso por delante, aunque estoy segura de que también para este cambio, Guillermo ha tendido su mano y ayudará en los primeros pasos a Mónica dándole confianza, buenos consejos y lo más importante: dejándola caminar.

Ojalá las administraciones no permitan que caiga en el olvido todo lo sembrado por Guillermo en estos años y se pongan al servicio de esta Muestra con el cuidado y amor que siempre puso él. Mis mejores deseos para todo lo que emprendas, te lo mereces.